
Alcanzó a tocar la locura con la punta de los dedos. La repelió, la quemó, la abraso y la alcanzo en todo su ser. Pero no tenia ningún otro lugar donde refugiarse que no fuera su yo interior.
Las fantasías tenían todo para ser una enfermedad. Quizás había llegado el momento en que las figuras creadas por su mente se deslizaran hacia el desequilibrio de su piel.
Era el momento del desvarío : las aventuras, los deseos, las pasiones las sufría...Quizás las vivía o tan solo las imaginaba. Todo, absolutamente todo podía ser válido para intentar alejarse y sobrevivir a aquel desequilibrio que la amenazaba.
En esos difíciles instantes de sus labios resecos y agrietados por la fiebre solo unos lucidos pensamientos alcanzan a salir a la superficie para expresarse de esta forma:
"El viaje de la vida me libera de ti y me une a ti.
No necesito la libertad de recorrer el mundo
para olvidar que deseo tu piel y tu nombre.
Si me descubrieras en los Infiernos,
el pensamiento sería un estorbo
que me impide el vestirme de estrellas
y desnudar mi alma para ti.
Inconsciente. Lanzaría a tus manos
la blanca piel que has rechazado.
Desconozco el remolino
del viajar y sigo navegando para intentar
olvidar mi locura..."